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miércoles, 23 de diciembre de 2015

Había una vez un reno







Había una vez un reno, en un solitario y nevado terreno

Buscando paja y un poco de heno.
Estaba muy solito el pobrecito
y su barriga rugía como un leoncito.

Había caminado por horas y horas
Sin notar que ya había despuntado la aurora
De pronto a lo lejos observa el reno una baya roja
¡Se ve tan jugosa, muy apetitosa!

¡Corre el reno! ¡corre veloz!
No sea que le quite la baya un ave atroz
Llega saltando de contento el reno, casi feroz
Para devorar su merecido almuerzo
Pero ¡oh sorpresa!
La baya roja no es una baya ¡sino una nariz!

¡OUCH! Se oye una voz decir.
¡Hey amigo me vas a dejar una cicatriz!
Nuestro reno se asusta y huye como una perdiz
Pero se da cuenta de que la mordida nariz pertenece a otro reno
Uno muy dulce, tierno y feliz.

Me llamo Rodolfo, dice el reno de la nariz roja
Mientras come unas jugosas hojas
¡eres muy rápido amigo!
Casi tanto como un haz de luz
Nosotros somos ocho renos, pertenecemos todos a Santa Claus
Pero nos hace falta otro reno …
Uno que sea el noveno.

¿Y qué hacen los renos de Santa Claus? -Dice curioso nuestro reno-
¡Ah! ¡llevamos por el mundo su trineo!
Va cargado de regalos para los niños amables y buenos
Les dejamos sus regalos en la víspera de Navidad
Para que por la mañana estén llenos de felicidad.

¡Qué bonito debe ser recorrer el mundo, regalando sonrisas
en una noche mágica llena de risas!
¡Qué bonito debe ser surcar el cielo con otros renos!
¡si, si quiero ser el noveno reno!

Y así se reunieron en una nevada mañana los nueve hermosos renos.
Los renos mágicos de Santa Claus.
Allí estaban Acróbata, Bailarín, Bromista, Relámpago, Alegre, Trueno, Cupido, Rodolfo y por fin el tan esperado noveno reno que llamaron Cometa

Y Cometa ya no estaba solito, ni pobrecito
Ni su barriga rugía como un leoncito
Pues en los establos del mágico pueblo navideño de Santa Claus
Había muchas bayas rojas, bien jugosas y apetitosas.
También había fresco y suave heno
Y a veces hasta caramelos.

Aquella Navidad se vio a los nueve fabulosos renos surcar el cielo
Con todo y trineo
Mientras Santa se reía a todo lo que le daba su barriga
¡jo, jo, jo, jo! Se escuchaba ¡paz en la tierra a los hombres, a los niños y a los renos de buena voluntad!

Fin Por 

Una navidad en el bosque

navidad



Érase una vez un bonito pueblo en medio de un frondoso y colorido bosque habitado por unos alegres animales. Cada año, con la caída de las primeras nieves y la llegada de las estrellas de luz, se reunían en torno al Gran Árbol para preparar la Navidad y conocer una de las noticias más esperadas de la temporada: el nombre del ganador del concurso de teatro, que se encargaría de dirigir la función de Nochebuena.

En aquella época, todas las actividades que realizaban tenían como objetivo la convivencia, el fomento de la amistad y la diversión. La exhibición de cocina, organizada por la Señora Ardilla, hacía las delicias de los más comilones, pues los platos presentados eran degustados al finalizar la competición. Los más pequeños participaban en la tradicional Carrera de Hielo, que tenía lugar en el lago helado y acudían cada tarde a los ensayos de la Señorita Ciervo, la directora del coro que alegraba con sus villancicos todos los rincones del bosque. Y, por supuesto, estaba la mejor noche de todas: la Nochebuena, en la que se representaba la obra ganadora, que seimpre tenía como tema central la amistad.

Cada año, el Señor Búho, como director de la escuela de teatro, seleccionaba una pieza de entre todas las que enviaban los animales aspirantes a ser los elegidos para llenar de paz los corazones de los habitantes del bosque, pero ese año…

-Bienvenidos todos a la reunión preparatoria de la Navidad –dijo el Señor Búho posado en la rama más robusta del Gran Árbol. Este año, la elección de la obra ha estado muy reñida porque todas las propuestas eran de gran calidad, pero había que elegir un ganador. Así que sin más dilación demos un aplauso al Sr. Conejo, autor de la obra Salvemos el bosque, que podremos ver en Nochebuena.

-Gracias, gracias, es un honor para mí –exclamaba Conejo entre vítores y aplausos.

-Bien, pues ya sabéis que mañana a las diez darán comienzo las pruebas de selección de actores. Rogamos puntualidad a los interesados –concluyó el Sr. Búho.

Al día siguiente, a la hora convenida, había una considerable cola a la entrada del teatro. Al ser un musical, las pruebas se centraron en las habilidades de canto y baile, pues eran requisitos imprescindibles. La obra contaba la trama de un guardabosque que debía salvar la flora de un malvado leñador, obsesionado con cortar un árbol milenario y arrasar todo lo que se pusiera en su camino. En su lucha por preservar el entorno natural, el guardabosque contaba con la inestimable ayuda de sus fieles amigas, un girasol y un lirio que ponían su astucia al servicio de la noble causa.

Tras varias horas, los papeles quedaron repartidos de la siguiente manera: el Sr.Oso haría de guardabosque, Castor sería el vil leñador, la Sra. Pata representaría al girasol y la Sra. Lince, al lirio.

Al principio todo marchaba estupendamente, los actores estaban contentos con sus papeles y trabajaban duro para perfeccionar sus actuaciones, dejándose la piel en escena, hasta que hizo su aparición el peor y más temido de los fantasmas: la envidia.

-No sé Conejo, creo que Castor tendría que tener un poco más de protagonismo. El papel del leñador está lleno de matices y podríamos crear unos espectaculares efectos especiales que dejarían al público boquiabierto –dijo el Sr. Búho en uno de los ensayos.

-Sí Búho, puede que tengas razón y deba retocar el texto para darle más peso a Castor y proyectar toda la fuerza del personaje. Podemos hacer un juego de luces y sombras cada vez que aparezca y realzar su papel.

Ante estas palabras Castor se puso muy contento, pues estaba muy ilusionado con la obra, pero Oso no lo vio con los mismos ojos. Si a Castor le daban más protagonismo, eso significaba que él dejaría de ser el protagonista absoluto y eso no le gustó nada. Es más, pensó que Búho y Castor lo estaban haciendo a propósito.

El ensayo del día siguiente fue un caos. En lugar de avanzar, daban pasos hacia atrás. Oso no colaboraba y Castor, que se había dado cuenta de lo que estaba pasando y de que Oso quería boicotear su actuación, estuvo muy arisco.

Por si fuera poco, el vestuario también había sido fuente de conflictos entre las chicas. La Sra. Pata consideraba que el vestido de la Sra. Lince era más llamativo y que debían haberlo echado a suertes.

-No entiendo por qué el traje del lirio tiene que ser más bonito que el del girasol. ¿Quién ha elegido el vestuario? No estoy de acuerdo –chillaba Pata.

La tensión en el escenario se podía cortar y desastre no se hizo esperar. Así, durante el ensayo de la escena final, que reunía a todos los actores en el escenario para interpretar el número final, comenzaron a empujarse unos a otros con tal brío que parte del decorado se rompió y el árbol se vino abajo.

-Orden, orden, pero bueno ¿qué pasa? –preguntó Conejo encolerizado. Habéis echado a perder el trabajo de varios días y de todos los que han colaborado en la puesta en escena. Quedan sólo dos días para Nochebuena, pero si tuviéramos más tiempo os echaría a todos de la obra. Se acabó el ensayo por hoy. Fuera todos de mi vista.

Conejo estaba rabioso, no entendía nada. Pero ¿cómo podían pelearse por una cosa así? Era Navidad, había que estar alegre y demostrar que eran amigos.

Al día siguiente los habitantes se despertaron siendo testigos de un acontecimiento terrible: la nieve había desaparecido y las estrellas de luz se habían apagado. ¿Cómo era posible? Asustados, los animales se congregaron alrededor del Gran Árbol, en busca del sabio consejo del Sr. Búho.

-Queridos habitantes del bosque, el espíritu de la Navidad se ha ido –sentenció Búho.

-¿Y cómo podemos hacer que vuelva? –preguntó asustada la Sra. Ardilla.

-Oh, no, nos vamos a quedar sin Navidad –sollozó un lobezno.

-Hoy es un día muy triste para nuestro bosque. La envidia ha desatado unas reacciones negativas en cadena. La nieve se ha derretido, las estrellas han dejado de lucir y la obra de teatro peligra –advirtió Búho.
Oso estaba escuchando tras un arbusto y tenía miedo a salir porque sabía que era el desencadenante de la situación, pero había que ser valiente y afrontar las consecuencias de los propios actos, así que se decidió a salir, aunque tímidamente.

-Eh, amigo, lo siento mucho. Estoy arrepentido de mi comportamiento. Si hay algún culpable, ése soy yo. Me cegó la envidia. ¿Qué puedo hacer para enmendar mi error?

-No, no tienes por qué cargar con las culpas tú sólo, yo también he contribuido con mi mala conducta. Si sirve de algo yo también lo siento. No quería que pasara esto –se lamentó Castor.

La Sra. Lince se acercó a la Sra. Pata, que estaba con sus patitos muy cerca de ella, y le dijo:

-Si te hace ilusión, te cambio el vestido, me importa más tu amistad que un trozo de tela. Somos amigas y nuestros pequeños juegan juntos –exclamó la Sra. Lince dándole un abrazo a la Sra. Pata.

-¡Mirad, está nevando! –gritó con entusiasmo una voz.

-Sí y parece que en el cielo brillan de nuevo las estrellas. El espíritu de la Navidad ha vuelto –se oyó.

Ese año, la Navidad se vivió con mucha más intensidad en el bosque, al fin y al cabo estuvieron a punto de perderla para siempre. Pero habían aprendido la lección y ahora sabían que la envidia cegaba y tenía unos efectos muy negativos que no se podían controlar.

Los animales habían ahuyentado la Navidad con su conducta, aunque en ellos mismos residía también el poder de resucitar su alma. Así que para que no se les olvidara nunca aquel susto y a partir de ahora prestaran atención a sus comportamientos con los demás, construyeron un gran cartel de madera que colgaron de una de las ramas del Gran Árbol, en el que se podía leer la siguiente inscripción:

«El tesoro más valioso que posees es la amistad, cuídalo todos los días y crecerá».

Fin

Por Helena López C.

Un reno ruidoso

– Buenas noches amiguitos. Descansen bien, mañana será una jornada muy larga – Dijo Papá Noel a sus fieles renos.

Acarició a cada uno su hocico y se fue a dormir

Era la víspera de la víspera de Navidad y los renos tenían que descansar y mucho.
Que duerman bien compañeros – Dijo Blitzen.
Un reno ruidoso– Eso espero, últimamente tengo el sueño liviano – contestó Cupido.


– ¿Probaste con te de tilo? – preguntó Rodolfo, pero ya nadie contestó, todos los renos dormían plácidamente o no tanto…

SONIDO DE RONQUIDO (era Cometa)

– Pero ¿Qué es ese ruido? ¿Quién está serruchando a esta hora de la madrugada? –preguntó molesto Cupido.
– ¿Quién serrucha qué cosa a qué hora? – pregunto más dormido que despierto Cometa.
– Tu que no paras de roncar –Contestaron casi a coro Blitzen, Dancer y Rodolfo.
– ¿Qué yo quéeeeeeeeeee? – preguntó incrédulo Cometa.
– Que estás roncando amigo –Contestó Donner.
– ¡Entonces no era yo el del sueño liviano, eras tu que no me dejabas dormir con tus ronquidos!
– No lo hago a propósito, ni siquiera me doy cuenta –respondió Cometa molesto.
– Bueno muchachos, no hay tiempo para pelear, busquemos la solución – intervino Blitzen
– ¿Y si pruebas respirar por la boca?
Todos los renos se dispusieron a dormir y si bien Cometa hizo lo que su amigo le había sugerido, el resultado fue peor. El sonido se escuchaba aún más. No sólo Cupido, sino todos los renos despertaron.
– ¡Es insoportable! ¡Tienes una orquesta en ese hocico! – Se quejó Cupido.
– ¡Te dije que no lo hago a propósito! No lo puedo evitar, tendrás que ponerte tapones en los oídos si tanto te molesta – Contestó Cometa.
– Duerme entonces con el hocico para abajo, mételo en la nieve y que ella se quede con tu ronquido.
No solamente el ruido continuó, sino que la respiración de Cometa hizo volar nieve por todos lados.
-¿Y si pruebas con ….? –Comenzó a decir Blitzen, cuando fue interrumpido por Donner.
-Basta de pruebas, este pobre reno tiene el hocico tapado, por eso ronca.
– ¿Ven, ven? Ya decía yo que no era culpa mía, menos mal que Donner me entiende ¡venga un abrazo amigo! –Dijo contento Cometa.
– Mejor dejemos el abrazo para cuando tu resfrío pase, deberemos buscar una medicina.
-¿Remedios? ¿Tal vez una inyección? ¿Un jarabe? ¡Nada de eso! Yo me quedo con mi hocico tapado y listo –Vociferó temeroso Cometa.
-Y entonces nadie podrá dormir por tus ronquidos. Mañana debemos conducir el trineo y para eso, debemos estar descansados –Le contestó Donner.
-Voy por la medicina, vuelvo enseguida –Dijo Cupìdo y se fue.
Volvió con un frasquito pequeño de gotas para la nariz.
-Estaba en el botiquín de Papá Noel, esto te va a servir.
-¿Dolerá? –Preguntó Cometa.
-¡Qué reno flojo habías resultado! –Río Blitzer- Mira amigo, tú no tienes la culpa de tener el hocico tapado, pero tus ronquidos no dejan descansar a nadie.
– ¿Y si me ahogo? – Volvió a preguntar temeroso Cometa.
– Puede ser que no te resulte agradable, pero tu responsabilidad es mejorarte, por ti, por todos que debemos descansar y por los niños que deben recibir sus regalos mañana – Dijo suavemente Donner.
– Bueno pero que sea despacito ¿Si? –Suplicó el pobre reno.
– ¿Cuántas gotas habrá que poner? –Preguntó Blitzen.
-¡Con semejante hocico, yo pondría todo el frasco! –Respondió Donner y comenzó a colocar las gotas en el hocico de su amigo.
– ¿Teeeerminoooooooooo? ¿Yaaaaaaaaaa estaaaaaaaaaaaaá? –tartamudeaba Cometa.
– Listo amigo, como nuevo –Respondió Donner – Ahora a dormir todos.
– Me desvelé ¿Alguien me podría cantar una canción de cuna? –Preguntó Cometa.
Se escucha cantar con mucho desgano: -“Duerme Cometa, duérmete ya que vendrá Santa y se enojará”
Finalmente y gracias a las salvadoras gotas para la nariz, los renos pudieron dormir. Llegó la mañana y con ella una lección aprendida. Algunas veces podemos hacer cosas que, sin intención, molestan a otros.
Si comprendemos y buscamos la solución sin enojarnos, sin dudas encontraremos mucho más que un sueño reparador.
Sólo por las dudas, esta vez en el trineo, además de regalos y mucho amor, viajaron algunos frasquitos de gotas para la nariz.


Fin


Un reno ruidoso. Liana Castello, escritora argentina. Cuento de Navidad para Niños