Busqué en mis libros de cuentos y encontré muchas historias de
osos, pero en ninguna explicaban cómo son sus abrazos.
Fui al zoológico, dispuesto a observar y aprender, pero no vi
ni un solo oso que se abrazara con otro.
¿Cómo abrazan los osos entonces?
Miré documentales de animales y aprendí mucho, pero nada
acerca de abrazos.
Se lo pregunté a mi maestra. Pensó que le estaba haciendo una
broma. Me sonrió, pero no me respondió.
Y entonces, decidí preguntarle a mi papá.
El también sonrió, como mi maestra, y sin decir una sola
palabra, me dio la respuesta.
Abrió sus brazos, grandes, fuertes y rodeó todo mi cuerpo en
forma suave, pero firme.
Y entonces entendí:
Ese abrazo era calentito y suave como mi osito de peluche.
Grande y fuerte como los osos de verdad.
Tierno como las ilustraciones de mis cuentos de osos.
Protector como una mamá osa con sus oseznos.
Y ahí entendí también que yo, aún siendo pequeño, puedo dar
abrazos de oso.
Sólo necesito amor, mucho amor y por supuesto, alguien a quien
a abrazar.
Fin
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